Pensó que no volvería a escribir. Y menos que lo haría para él. Inocente ella por pensar que en algún lugar estará leyendo esto. Inocente por pensar que había encontrado a alguien con quien perderse en aquel lugar que a nadie le gusta mencionar. Por querer esperar hasta el último día para darlo todo por perdido. Inocente y cobarde. Cobarde por preferir engañarse con mil historias antes de reconocer que lo que de verdad le echaba para atrás era el miedo que tenía. Miedo porque ya había perdido la cuenta de la cantidad de amores que había acabado reciclando y esta vez no quería verle como a uno más. Reconoce que tuvo miedo después de cada tropezón y aunque pensó no volver a caer, acababa ahogada en un baño de promesas y de esas cosas que todos terminaban sabiendo que la vuelven loca.
Se acerca el momento de irse, de conseguir la libertad que los dos necestiban desde el momento en que ella quiso saber algo de él. Se acerca el momento de dar por perdidos los días de querer encontrar esa mirada que andaba perdida desde el día en que la vio aparecer. Los días de no poder más y de dejarlo todo en manos del destino. Y de dejar que fuera él el que decidiese que esta vez tenían que ganar los dos. Porque se lo merecían y porque necestaban recuperar las ganas que se perdieron en las mismas calles que un verano oyó hablar de ellos. El otoño todavía estaba de su lado, pero saben que este invierno tan frío acabará con cualquier mota de amor que pudiera unirles. Ella prometió luchar por él, pero empezaba a echar de menos el calor de esos abrazos que se daban a escondidas porque ninguno de los dos quería oír hablar más de la cuenta. Y aunque hoy le dice adiós, quiere hacerle saber que tarde o temprano volverá.
viernes, 14 de diciembre de 2012
viernes, 23 de noviembre de 2012
La necesidad de tener tu compañía.
Ayer me preguntaron si era feliz. Mi respuesta fue a medias. Pero he de confesar que a medida que mi soledad aumenta, mi felicidad disminuye. O mi infelicidad aumenta. Lo que viene a ser lo mismo. Últimamente abundan los días tristes y, como eso no me gusta, prefiero sacar a pasear una bonita sonrisa para que el mundo no se me haga más grande que la distancia que hay entre tú y yo. Sé que puedo no ser la única que se sienta así, y me gusta pensar que aquella persona que ocupa mis pensamientos se siente igual de perdida cuando yo no estoy cerca. El caso es que, aun sabiendo que no estoy sola, me gusta estarlo. Y cuanto más sola estoy, más cosas tengo en la cabeza. Más ideas para escribir. Más ideas y menos ganas de hacerlo. Y llega el momento del bloqueo. Del parón. Un poco de música me vendrá bien para despejarme. Pablo Alborán siempre sabe ayudar. Le escucho una y otra vez y solo se me viene a la cabeza la voz de aquel que quiso compartir conmigo los últimos días de ese mes tan caluroso. Y, la verdad, me gustaría no pensarte cada noche ni recordar esas enigmáticas sonrisas que me dedicabas. Me gustaría no hacerlo porque en algún momento los recuerdos se acaban. Y sé que mientras duren yo sonreiré y el mundo lo hará conmigo, pero cuando no estén... Cuando no estén será como si no me quedase nada, como si esa segunda estrella a la derecha se apagase y nosotros dejásemos de creer en eso que siempre hemos creído.
Pensé que esta entrada no sería publicada nunca y como excusa para no seguir contándoos mi vida, diré que lo que viene después es una larga historia. Una larga historia más perdida entre tantas millones de historias en el mundo. Una larga historia que se queda a medias si no está él para contarla conmigo.
Pensé que esta entrada no sería publicada nunca y como excusa para no seguir contándoos mi vida, diré que lo que viene después es una larga historia. Una larga historia más perdida entre tantas millones de historias en el mundo. Una larga historia que se queda a medias si no está él para contarla conmigo.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Quebraderos de cabeza.
Aquí estoy, sentada enfrente de una pantalla, intentando escribir algo para olvidar todo aquello que consigue quitarme el sueño. Mirando por la ventana lo que mi soledad esconde para ver si encuentro una buena razón por la cual lo único que deje de ver sea el paso del tiempo. Pero nada, no hay nada. Solo encuentro las hojas caídas que muestran esos bonitos paisajes otoñales que algún aficionado fotografía. Montañas de hojas que se convierten en el juego de algunos niños. Hojas que volarán y pronto serán sustituidas. Y cuando eso pase, ese árbol desnudo no se acordará del abrigo que tuvo el año pasado. Hay gente, pero no demasiada. Abuelos con sus nietos en el parque disfrutando del regalo que les dieron esos hijos educados con tiempo, paciencia y mucho amor. Niños que pasean con bicis evitando a todo aquel que se cruce por su camino. Señoras que descansan en un banco porque quizás no quieran volver a casa. Y personas que, pasen por aquí por primera vez o por rutina, intentan no fijarse demasiado en los demás porque piensan que con sus problemas tienen suficiente.
Me he permitido entrometerme en la vida y pensamientos de los demás, pero esto es solo una mera interpretación de alguien que pasa las horas muertas intentando evitar los pensamientos que afirmen que su vida es peor que la de cualquier otro. En realidad solo sé lo que pasa por mi cabeza, y después del día de ayer no pienso en otra cosa que no seas tú. Porque no entiendo que esta situación pueda conmigo. Ayer fui tan cobarde que preferí dejar que el orgullo pudiera con estas ganas de ti. No pude verte, pero tampoco fui capaz de coger el teléfono y pedirte una vez más, aunque fuese por unas horas, que vinieses con esa sonrisa para darme fuerzas y poder esperar con ganas el tiempo que hiciese falta para verte. Me vuelves loca, pero esta locura puede conmigo.
Me he permitido entrometerme en la vida y pensamientos de los demás, pero esto es solo una mera interpretación de alguien que pasa las horas muertas intentando evitar los pensamientos que afirmen que su vida es peor que la de cualquier otro. En realidad solo sé lo que pasa por mi cabeza, y después del día de ayer no pienso en otra cosa que no seas tú. Porque no entiendo que esta situación pueda conmigo. Ayer fui tan cobarde que preferí dejar que el orgullo pudiera con estas ganas de ti. No pude verte, pero tampoco fui capaz de coger el teléfono y pedirte una vez más, aunque fuese por unas horas, que vinieses con esa sonrisa para darme fuerzas y poder esperar con ganas el tiempo que hiciese falta para verte. Me vuelves loca, pero esta locura puede conmigo.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Por y para ti. Sólo para ti.
Nada ha acabado,
puedes estar seguro. Tú sigues siendo parte de mí, al igual que todas tus
sonrisas. Y no te pienso decir adiós por aquel agosto que quiso vernos juntos
aunque llegase un octubre que nos haya sabido a poco. Quizás sean estas ganas
de ti o ese vacío que dejó en mí aquella despedida que nunca llegó lo que
consigue sacar lo peor que hay dentro de mi cabeza y lo convierten en
pensamientos que lo único que consiguen es destruirme. Pero sé que de nada me
arrepentiría más que de perderte, y creo que no es la primera vez que te lo
digo. Así que espero que todo siga como antes, que sigamos llevando como hasta
ahora la situación en la que nos encontramos y que lo que nos prometimos siga
en pie.
Desde ese mes de agosto supe que ibas a ser mio, y ahora no me puedes fallar.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Diario de un verano sin fin.
Vacaciones inesperadas. Presentaciones. Vergüenza. Amigos. Mañanas, tardes y noches de verano. Gente increíble. Tú. Tú y tu sonrisa. Conocerte cada día un poco más. Encantarme. Ilusionarme. Tener miedo. Tú otra vez. Tranquilidad. Pensar en que se quedará como un amor de verano más. Despedidas de las que no gustan. Días enteros lejos de ti. No pensar en otra cosa.
Por fin llegó el día. Estoy de vuelta. El verano ha pasado y vuelve el otoño con todo lo bonito que nos deja ver. Tú sigues aquí. Dejas de ser un simple amor de verano. Pensamientos y sentimientos probablemente precipitados. Me da igual lo que piensen. Me miras y sonríes y haces que todo se me olvide. Me vuelvo un poco mas estúpida. Ganas de ti. Sensación de que nada podrá ir mal. Dulces días para el resto de mi vida contigo.
Por fin llegó el día. Estoy de vuelta. El verano ha pasado y vuelve el otoño con todo lo bonito que nos deja ver. Tú sigues aquí. Dejas de ser un simple amor de verano. Pensamientos y sentimientos probablemente precipitados. Me da igual lo que piensen. Me miras y sonríes y haces que todo se me olvide. Me vuelvo un poco mas estúpida. Ganas de ti. Sensación de que nada podrá ir mal. Dulces días para el resto de mi vida contigo.
domingo, 15 de julio de 2012
Llegó mi inspiración, pero no vino para quedarse. A los dos
días se marchó y junto a ella mis ganas de decir que sí al amor. Pensé que contigo sería diferente, que no tener ningún tipo de compromiso me daba la libertad de no tener por qué temer perderte, pero tú, exactamente igual que todos los demás, me has demostrado otra vez que solo buscas una cosa. Ahora solo te pido que pienses. Piensa en ella y en las otras muchas que presumes conocer, llévalas al mismo
lugar en el que la locura podía con nosotros y dime que no piensas en mí.
Entonces, y solo entonces, te daré por perdido. Para siempre.
domingo, 6 de mayo de 2012
Día de la madre.
Primer domingo de mayo sin fecha a señalar. No tiene fecha exacta como los santos o los cumpleaños porque... De una manera u otra, nos quieren hacer ver que cualquier día es el día de la madre, que no tiene porque ser un tres de mayo o un seis. Será, simplemente, por fines materiales.
Ahora, hablaré de ella. Mi madre, esa mujer que un día me trajo al mundo para hacerme ver lo mejor de la vida, para no dejarme caer nunca. Esa que se merece el cielo y parte de lo que no podemos ver mas allá de él y a la que debería agradecer cada día la oportunidad que me dio al nacer.
Yo cada día intento mejorar para ella por lo pesada que se pone cuando me recuerda que esta vida no es un asco, que luche por lo que quiero y por mi futuro. Unos días se lo demuestro más que otros, pero lo que nunca me perdonaría sería decepcionarla. No me lo perdonaría porque no se lo merece, ella no. Ella, que me hace sonreír cada día, que hace de mí la mejor, que me da un poco más de vida cuando me regala una de sus sonrisas.
Esta va por ti, mamá. Te quiere, tu niña.
Ahora, hablaré de ella. Mi madre, esa mujer que un día me trajo al mundo para hacerme ver lo mejor de la vida, para no dejarme caer nunca. Esa que se merece el cielo y parte de lo que no podemos ver mas allá de él y a la que debería agradecer cada día la oportunidad que me dio al nacer.
Yo cada día intento mejorar para ella por lo pesada que se pone cuando me recuerda que esta vida no es un asco, que luche por lo que quiero y por mi futuro. Unos días se lo demuestro más que otros, pero lo que nunca me perdonaría sería decepcionarla. No me lo perdonaría porque no se lo merece, ella no. Ella, que me hace sonreír cada día, que hace de mí la mejor, que me da un poco más de vida cuando me regala una de sus sonrisas.
Esta va por ti, mamá. Te quiere, tu niña.
sábado, 5 de mayo de 2012
Somos orgullosos.
Sí, pero ¿y qué? Yo sé que nos queremos.
Nos cabreamos, sí, muchísimo. Por tonterías o no tan tonterías. Y a los dos minutos de haber discutido con él, siento que le necesito. Le necesito a él y a sus tonterías, sus risitas, sus piques, sus manías; a todas sus buenas caras y a sus consejos, sobretodo a sus consejos.
Seguiremos siendo así el uno con el otro, riéndonos, odiándonos y queriéndonos como a lo que más durante el tiempo que haga falta siempre y cuando me haga ver que, a pesar de todo, estará ahí. Yo prometo estar para agradecerle cada cosa a través de una nota a escondidas; para comerme todos y cada uno de los helados que haga para mí; para darle pataditas en el culo al recibirle cuando llegue a casa; para quedarme despierta solo para darle las buenas noches todos los días antes de acostarme. Tendremos nuestros más y nuestros menos; estaremos para las buenas, las regulares y las no tan buenas. Para todo.
Yo lo llamo amor de hermanos.
Nos cabreamos, sí, muchísimo. Por tonterías o no tan tonterías. Y a los dos minutos de haber discutido con él, siento que le necesito. Le necesito a él y a sus tonterías, sus risitas, sus piques, sus manías; a todas sus buenas caras y a sus consejos, sobretodo a sus consejos.
Seguiremos siendo así el uno con el otro, riéndonos, odiándonos y queriéndonos como a lo que más durante el tiempo que haga falta siempre y cuando me haga ver que, a pesar de todo, estará ahí. Yo prometo estar para agradecerle cada cosa a través de una nota a escondidas; para comerme todos y cada uno de los helados que haga para mí; para darle pataditas en el culo al recibirle cuando llegue a casa; para quedarme despierta solo para darle las buenas noches todos los días antes de acostarme. Tendremos nuestros más y nuestros menos; estaremos para las buenas, las regulares y las no tan buenas. Para todo.
Yo lo llamo amor de hermanos.
viernes, 4 de mayo de 2012
Aprender a valorar las cosas desde ya.
Tener en cuenta que las cosas no duran para siempre por mucho que nos digan o por mucha guerra que nos demos nosotros mismos intentando creer que es así. Deberíamos empezar a valorar las cosas como algo diferente y no tomar como rutina las cosas buenas ya que, en un momento u otro, nos las quitaran y, como de costumbre, sufriremos como nadie. En silencio. Sin querer pedir ayuda a nadie porque nosotros mismos nos machacamos pensando en que lo hicimos mal desde el principio queriendo manejarlo todo para que saliera perfecto.
Las cosas buenas duran lo suficiente como para ser inolvidables, y lo suficiente a algunos se nos queda corto.
domingo, 15 de abril de 2012
Justo hoy.
Tenía que ser hoy cuando recibiese un mensaje tuyo nada más levantarme que me dijese lo mucho que me has echado de menos este tiempo y la de cosas que te gustaría volver a recuperar. Entre ellas, a mí. La que se calla una y otra vez lo que piensa porque de nada se arrepentiría más que de perderte por un puñado de sentimientos ignorados. Yo, que soy de las que se tira las noches pensando en el rato que pasó contigo una tarde cualquiera. Yo, que no me veo con ganas de, si quiera, intentarlo, prefiero guardar al gran amigo que solo tú sabes ser. Guardarte a ti, en el gran baúl de los recuerdos que estrené hace poco más de dos meses. Ese baúl que lo único que consigue es descolocarme del todo. A mí, que soy de las que rebuscan en su armario para ponerse lo mejor que tenga por si acaso se cruzasen vuestras miradas en un Paseo de la Castellana eterno que sabe a poco si es contigo de la mano. De las que luchan hasta que creen que las cosas dejan de ser correspondidas. Y, hoy, me atrevo a dejar de luchar porque que creo que nuestro queda muy poco.
viernes, 6 de abril de 2012
Desahogamientos varios.
La verdad... No sé como empezar esta entrada, solo sé que necesito escribir lo que siento en estos momentos si no quiero acabar explotando.
Aquí me tenéis viendo vuestras fotos, aprendiéndomelas de memoria porque creo que nunca me cansaré de ellas. Suena buena música de fondo, la que me has enseñado tú. Sigo pasando fotos y en alguna aparecéis conmigo. En pocas, muy pocas. Ganas tengo de rellenar álbumes de fotos con vosotros, pero lo dicho, se quedará en ganas. Aparece ella, se me viene el mundo encima al pensar en lo felices que os hizo y, aunque no directamente, os sigue haciendo. Ahora pienso, pienso en si todo puede recordarme a ti y, automáticamente, me respondo yo sola con un sí rotundo. Sabes lo mucho que me gustaba tener tu olor en aquel pañuelo prestado.
Confiar en una posible revancha, en que todo el tiempo que estuvimos esperando valga para algo de verdad. Consolarme sabiendo que ante todo has sido, fuiste y, creo que, serás mi amigo. Esperar a que llegue el día en que nuestras miradas vuelvan a cruzarse y seamos los mismos de siempre. Tú y yo, los que hace tiempo dejamos de creer en los para siempre que hacen daño, los que juntos inventamos el ritmo de vida que nos gustaba llevar.
Aquí me tenéis viendo vuestras fotos, aprendiéndomelas de memoria porque creo que nunca me cansaré de ellas. Suena buena música de fondo, la que me has enseñado tú. Sigo pasando fotos y en alguna aparecéis conmigo. En pocas, muy pocas. Ganas tengo de rellenar álbumes de fotos con vosotros, pero lo dicho, se quedará en ganas. Aparece ella, se me viene el mundo encima al pensar en lo felices que os hizo y, aunque no directamente, os sigue haciendo. Ahora pienso, pienso en si todo puede recordarme a ti y, automáticamente, me respondo yo sola con un sí rotundo. Sabes lo mucho que me gustaba tener tu olor en aquel pañuelo prestado.
Confiar en una posible revancha, en que todo el tiempo que estuvimos esperando valga para algo de verdad. Consolarme sabiendo que ante todo has sido, fuiste y, creo que, serás mi amigo. Esperar a que llegue el día en que nuestras miradas vuelvan a cruzarse y seamos los mismos de siempre. Tú y yo, los que hace tiempo dejamos de creer en los para siempre que hacen daño, los que juntos inventamos el ritmo de vida que nos gustaba llevar.
lunes, 5 de marzo de 2012
Toda espera tiene su recompensa o, al menos, eso creía.
Sé que todo esto se acabó, pero yo no quiero darme cuenta. No quiero darme cuenta porque entonces ya no serías nada para mí. Ya no tengo tu apoyo de la manera que lo tenía antes y es algo que añoro bastante. Tú eras ese alguien con quien se podía hablar de todo, ese alguien que se desahogaba y dejaba desahogarse, con quien pasear de la mano balanceándola para adelante y para atrás sin importar el qué dirán. El que te despertaba con un mensaje enviado a unas horas indecentes porque se había despertado pensando en ti, el que te echaba de menos nada más haberse despedido de ti en esa estación que quedará marcada en mi corazoncito, el que me prometió un equipo de fútbol y me dejó con las ganas de, siquiera, llegar a ser entrenadora. Hora y cuarto de camino nos separaban, pero en esos momentos no nos importó ya que las ganas que teníamos pudieron contigo y conmigo, con nosotros. Y lo mismo que ganamos, lo perdimos.
Tú, el que vino para quedarse con mi felicidad y ahora la maneja como quiere. Yo, la que se dedicó a ser feliz cada minuto a tu lado; la que no quiere perderte, ya no más.
Tú, el que vino para quedarse con mi felicidad y ahora la maneja como quiere. Yo, la que se dedicó a ser feliz cada minuto a tu lado; la que no quiere perderte, ya no más.
domingo, 26 de febrero de 2012
Entre millones de personas apareciste tú, hace dos años, para hacerte un huequito en mí.
Te tengo aquí, una mañana más. Aquí utilizado como término general, pues hay dos habitaciones que nos separan. No te niego que me muera de ganas de ir a despertarte con un "buenos días, cari" y una sonrisa de las mías, y que justo después viniera un beso de esos tan increíbles que solo tú das. Infinitas son las ganas que tengo, las mismas que tengo de que un sábado cualquiera sea una misma sábana la que nos arrope y que, dejándola de lado, el único calor que sienta sea el de tu brazo encima mía. Ganas de muchas cosas, principalmente de ti, pero me toca conformarme con quedarme tumbada en mi cama, escribiendo esto, imaginando como habría sido todo si las cosas no hubiesen cambiado. Pensando en ti y en mi, por separado; en que puede que esta oportunidad no se me presente así otra vez, que, quizás, no volvamos a comer ramen bajo el mismo techo; en que prefiero que llegue un sábado por la mañana y seas tú el que me despierte con un "buenos días, princesa"
Friday night's.
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martes, 21 de febrero de 2012
Una vez más, sola.
Mi habitación y yo. Unas teclas borrosas que se esconden detrás de unos ojos llorosos. Recordar, una y otra vez. Recuerdos. Pocos recuerdos. Recuerdos buenos. Una sonrisa, y otra. Aquí estoy, antes que nadie. Con un hermano al que adoro y por el que daría todo, el que anda encima mía un rato sí y dos también, el me hace ver el lado bueno de las cosas. Yo, Silvia. La de las canciones tristes, la de las sonrisas bonitas. De las que dice que las cosas hay que vivirlas para contarlas. Que de recuerdos están las vidas llenas, de las que creen que sin ellos nada sería posible. Tú, ahora un nuevo recuerdo de, lo que a mí me gusta llamar, mi pequeño recorrido.
sábado, 18 de febrero de 2012
Solo mira a tu lado. Yo estaré siempre.
Será por ti, por la cara de tonto que dices tener. Por todo lo que te necesito y más. Por tus bobadas unidas a las mías, por todas las cosas que me enseñas. Por lo bueno que es el amor solo si lo vemos desde la misma perspectiva. Desde ese primer atardecer de un taitantos de febrero.
Todo lo que te podría decir y lo poco que me sale. Días enteros en casas ajenas. Mucho de lo que hablar después de tantos días, lagrimas que se me escapan a escondidas. Sonrisas que intentan esconder toda mi vergüenza. Las ganas que tengo de seguir compartiendo cosas contigo, la de tiempos verbales que nos quedan por usar. Las carpetas de fotos que tenemos que llenar. Todos los celos de niña pequeñita. Todas tus sonrisas. Lo feliz que me haces.
Hoy, te quiero más que nunca.
Todo lo que te podría decir y lo poco que me sale. Días enteros en casas ajenas. Mucho de lo que hablar después de tantos días, lagrimas que se me escapan a escondidas. Sonrisas que intentan esconder toda mi vergüenza. Las ganas que tengo de seguir compartiendo cosas contigo, la de tiempos verbales que nos quedan por usar. Las carpetas de fotos que tenemos que llenar. Todos los celos de niña pequeñita. Todas tus sonrisas. Lo feliz que me haces.
Hoy, te quiero más que nunca.
domingo, 12 de febrero de 2012
Felicidad. La que siento contigo.
Cada beso que me das. La delicadeza con lo que lo haces. Las ganas que tengo de ti. La ilusión que me hace saber que voy a poder contar contigo en cualquier momento. Lo que pueden cambiar las cosas de un año para otro. Lo que sentí en año nuevo y lo que siento en este nuevo año. Lo increíble que pareces ser, lo que demuestras cada día. Lo que conozco y, espero, queda por conocer. Todo lo que me gusta mirarte. Mirarte y que me sonrías. Quererte así siempre. Sin límites, sin conservantes ni colorantes.
Te quiero. A cualquier hora. Te quiero de lunes a domingo y de domingo a lunes.
Te quiero. A cualquier hora. Te quiero de lunes a domingo y de domingo a lunes.
sábado, 11 de febrero de 2012
Nuevos sentimientos.
La canción de tu vida. Él. Te inspira. Me quedo sin palabras que decir. Todo ha pasado muy rápido, tan rápido que no sé ni cuándo, cómo ni por qué empecé a quererle. Lo único que sé es que cada día esto se hace más especial y que no le podría perder. No ahora. Qué coño, ni ahora ni nunca. Él está ahí, siempre. Cuando más lo necesito. Diciendo esas cosas que me vuelven loca, haciéndome sentir bien. Más que bien. Genial si es con él, sólo con él. Echarle de menos cuando pasan más de dos segundos sin mirarle. Hacerlo y sonreír por el único motivo de ir paseando de su mano. Pararte y abrazarle. Besarle. Cumplir lo que hacía tiempo deseabas.
Cumplir lo que podría llamar un sueño. Sí, los sueños se cumplen. Sólo si eres capaz de saber seguir el camino. Ese que, en un momento u otro, te llevará hasta él. Para no separaros nunca.
Cumplir lo que podría llamar un sueño. Sí, los sueños se cumplen. Sólo si eres capaz de saber seguir el camino. Ese que, en un momento u otro, te llevará hasta él. Para no separaros nunca.
jueves, 9 de febrero de 2012
Algo para recordar.
Hoy, años más tarde, la memoria de aquellos días ha vuelto a mí. He vuelto a aquellos veranos llenos de emociones. Veranos para recordar en cierto camping con gente adorable y algún que otro amor ya olvidado. Los últimos veranos allí, y no por eso peores, me ayudaron a comprender cosas que antes no entendía, a conocer mejor a personas que creía desconocidas. Vi caras nuevas, y otras no tan nuevas por las que empecé a sentir. Tú y tu cara. Tu cara y tú. Algo que nos separaba y algo que nos unió. Nos une y nos unirá, pues prometo que te costará más de una vida separarte de mí después de tanto tiempo.
Una vez leí por ahí que todos tenemos un secreto encerrado en el ático del alma. Éste es el mío: te quiero.
Una vez leí por ahí que todos tenemos un secreto encerrado en el ático del alma. Éste es el mío: te quiero.
martes, 7 de febrero de 2012
Con ganas de olvidarme de todo. De nada.
La sensación de no conocer a nadie o conocer demasiado bien a todo el mundo. Querer olvidarte de estos últimos meses y volver a unos tiempos en los que hablaba con ciertas personas un día si y dos también, aunque fuese para preocuparnos de los "¿qué tal?" Ahora me siento bien con todo lo que tengo, pero siento que he ido dejando atrás a ciertas personas a las cuales se han unido otras que no creo que lo merezcan... Querría recuperar el pasado y aguantarlo en el presente y en el futuro. Dar mis opiniones y recibir las de los demás, que me cuenten lo que les parece bien y lo que les parece mal. Recuperaros, a todos.
martes, 31 de enero de 2012
Volver a empezar.
Ser feliz. Conmigo misma. Con los inviernos fríos y los veranos calurosos. Con las caídas de hojas en otoño y el florecer de la primavera. Con finales felices e inventados, con años perdidos y finalmente encontrados, con abrigos prestados. Con amores encontrados y, otros, decepcionados. Con lo fácil que resulta tu vida comparada con otras, con charlas por pleno paseo de la castellana. Con besos perdidos, olores encontrados, palabras en el aire y algún juramento prohibido.
Ser feliz, contigo. Con cualquier condición.
Ser feliz, contigo. Con cualquier condición.
¿Beber para olvidar? Nah, eso son chorradas.
Un día me dijeron que lo mejor para olvidar es beber, que un trago te lleva a la felicidad plena, pero con el tiempo aprendí que es mejor aferrarse a la realidad. Compartirla con los que te quieren y te valoran así como tú eres y, lo creas o no, se hace más amena. Los días pasan sin que tú te des cuenta, la gente se va y hay gente que viene para quedarse que ahora serían irreemplazables. Gente que, después de bastante tiempo, vuelve como de la nada para hacerte ver que unas buenas caricias y unas palabras bonitas son suficientes para olvidarse de todo por un momento.
Solos él y tú, en vuestra realidad.
domingo, 22 de enero de 2012
Yo te ofrezco mis labios. Tú me dejas los tuyos.
Tengo esa imagen grabada, clavada en el corazón y siempre a punto de caramelo para recordarla. No entiendo por qué soy capaz de revivir ese momento como si hubiera visto algo, pues he de confesar, que tenía los ojos cerrados. Se iba, otra vez. Como siempre. Si de algo estaba convencida en ese momento, era de que iba a volverme completamente loca y de que le esperaría pasara lo que pasase. Le abracé con fuerza y traté de pegar su cuerpo al mío milímetro a milímetro, para demostrarle a esa ramera que llaman distancia que podíamos luchar contra ella. Así, juntos, cuerpo a cuerpo, cara a cara, boca a boca. Acabamos con ella, la vencimos, redujimos al máximo el espacio entre nosotros, por unos segundos la distancia entre nosotros no existió, la matamos, la descuartizamos y nos reímos de ella a carcajadas sin ni siquiera sonreír, pero como las malas lenguas dicen ''hierba mala nunca muere''.
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