domingo, 26 de febrero de 2012
Entre millones de personas apareciste tú, hace dos años, para hacerte un huequito en mí.
Te tengo aquí, una mañana más. Aquí utilizado como término general, pues hay dos habitaciones que nos separan. No te niego que me muera de ganas de ir a despertarte con un "buenos días, cari" y una sonrisa de las mías, y que justo después viniera un beso de esos tan increíbles que solo tú das. Infinitas son las ganas que tengo, las mismas que tengo de que un sábado cualquiera sea una misma sábana la que nos arrope y que, dejándola de lado, el único calor que sienta sea el de tu brazo encima mía. Ganas de muchas cosas, principalmente de ti, pero me toca conformarme con quedarme tumbada en mi cama, escribiendo esto, imaginando como habría sido todo si las cosas no hubiesen cambiado. Pensando en ti y en mi, por separado; en que puede que esta oportunidad no se me presente así otra vez, que, quizás, no volvamos a comer ramen bajo el mismo techo; en que prefiero que llegue un sábado por la mañana y seas tú el que me despierte con un "buenos días, princesa"
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