Pensó que no volvería a escribir. Y menos que lo haría para él. Inocente ella por pensar que en algún lugar estará leyendo esto. Inocente por pensar que había encontrado a alguien con quien perderse en aquel lugar que a nadie le gusta mencionar. Por querer esperar hasta el último día para darlo todo por perdido. Inocente y cobarde. Cobarde por preferir engañarse con mil historias antes de reconocer que lo que de verdad le echaba para atrás era el miedo que tenía. Miedo porque ya había perdido la cuenta de la cantidad de amores que había acabado reciclando y esta vez no quería verle como a uno más. Reconoce que tuvo miedo después de cada tropezón y aunque pensó no volver a caer, acababa ahogada en un baño de promesas y de esas cosas que todos terminaban sabiendo que la vuelven loca.
Se acerca el momento de irse, de conseguir la libertad que los dos necestiban desde el momento en que ella quiso saber algo de él. Se acerca el momento de dar por perdidos los días de querer encontrar esa mirada que andaba perdida desde el día en que la vio aparecer. Los días de no poder más y de dejarlo todo en manos del destino. Y de dejar que fuera él el que decidiese que esta vez tenían que ganar los dos. Porque se lo merecían y porque necestaban recuperar las ganas que se perdieron en las mismas calles que un verano oyó hablar de ellos. El otoño todavía estaba de su lado, pero saben que este invierno tan frío acabará con cualquier mota de amor que pudiera unirles. Ella prometió luchar por él, pero empezaba a echar de menos el calor de esos abrazos que se daban a escondidas porque ninguno de los dos quería oír hablar más de la cuenta. Y aunque hoy le dice adiós, quiere hacerle saber que tarde o temprano volverá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario