martes, 22 de noviembre de 2011

Influencias que nos inculcan desde pequeños.

Nos hacen tener miedo al hombre del saco, nos dicen que al mirar para arriba jugando a la zapatilla por detrás caen judías y al mirar para abajo caen garbanzos, que los pétalos de una rosa deciden si él te quiere o no, que si mientes te crece la nariz, que perderse en el país de las maravillas yendo detrás de un conejo blanco y tomar té mientras te cantan el no cumpleaños no es tan malo. Que hay un mundo con barcos piratas, hadas celosas de niñas pequeñas y un niño que no quiere crecer en la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer. También nos hacen comprender que hasta la mayor de las bestias tiene su corazoncito detrás de toda una maldición; que con hadas, una calabaza y un buen hechizo, encontrarás a tu príncipe probándote un zapato. Que el amor de un pez payaso hacia su hijo es tan grande que éste es capaz de recorrerse medio océano junto a un pez azul amnesico total para acabar encontrándole gracias a unas tortugas marinas y un pelícano. Consiguen que nos dediquemos a espiar a nuestros muñecos para ver si es verdad que cuando nosotros no estamos se ponen a hablar, que en un mundo paralelo son los animales los que hablan y se entienden con esos niños de la selva  tan rebeldes; por una parte, el que consigue derrotar al guepardo que mató a sus padres, y por otra está el protegido por papá oso que le canta que quiere ser como él. Que un mundo ideal se descubrirá volando en una alfombra mágica . Nos enseñan que nunca hay que apostar la voz a cambio de nada con una bruja marina, que hasta los desmontables señores patata pueden encontrar a su alma gemela.
Que tenemos que aprender a cuidar de los demás, que nos gusta que nos regalen muñecas, vestirnos de princesas y soñar con encontrar a nuestro príncipe y poder esperarlo en nuestro castillo.
Y después de reflexionar en todo lo anteriormente escrito, aún pareciendo una niñita, yo sigo creyendo en los finales felices de todos estos cuentos infantiles.. Al menos hasta que mi príncipe me haga cambiar de opinión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario