No vale eso de quedarse en casa como si nada valiese la pena. La vida es larga, muy larga. Habrá días mejores que otros, pero está claro que hasta el peor de los días se acaba. Que somos jóvenes y aún nos quedan muchísimas cosas por vivir.
Broncas con los papis, enfados con los amigos, reconciliaciones. Amores de verano y de invierno. Tardes y noches de estudio. Preocupaciones por una simple imperfección más. Gente por conocer. Ciberflechazos en internet. Miles de paseos por las calles de Madrid, tardes de compras con tu madre haciendo tonterías por ahí como si fuese una amiga más. Locuras sin pensar el qué dirán. Fotos, muchísimas fotos. Canciones cantadas en la ducha como si se te fuese la vida en ello, películas con palomitas y chocolate que no te cansarás de ver nunca. Besos robados. Abrazos bajo los que te sientes protegida. Miedos, críticas, vergüenzas y fracasos.
Piensa que aún hay días que están llegando, que hay historias que nadie te ha contado. Piensa que te queda mucho por reír y mucho por llorar, piensa que te quedan muchas fiestas a las que ir, y también muchos días sin salir. Piensa en las excusas que te quedan por inventar, en los móviles que tienes que tener, piensa en los números que tienes que apuntar, en las llamadas que te quedan por hacer. En los madrugones que te esperan y en los días de levantarte a las doce de la mañana. Piensa todo lo que te queda por hacer, así que ahora mismo sonríe y espera a que todo esto venga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario