lunes, 21 de octubre de 2013

(Desped)idas y venidas.

No sé. Tendré que empezar a acostumbrarme a esto. Acostumbrarme a la soledad cuando llega el frío, digo.
Aunque es un asco. No esperaba que el amor llegase ahora. Demasiado tarde. Como siempre. Cuando ya es demasiado tarde para tenerte, digo.

No podría explicar el porqué hasta que no me atrevo a escribir sobre lo gilipollas que me hacéis sentir mi cabeza no para de darle vueltas a nuestras historias. En plural. Y quizás ese es el problema, que siempre hay mas de una.
No. No creo que pudiese explicarlo. Es un rollo esto de que solo te nazca escribir cuando llegan los problemas porque me gustaría que os hiciéseis una pequeña idea de lo grande que me hacen sentir ciertas persomas en ciertos momentos. Pero esto es así. La inspiración, o bomba de ideas, llega, o explota, solo en estos días. Días en los que haces una cosa tan rutinaria como entrar en tu portal. Y aunque siempre lo ves igual, hoy no. Hoy está diferente. Hoy huele a recuerdo.
Y vuelves unas cuantas hojas de calendario atrás. (Es curioso la de poderes que resulta tener el amor.) Y le recuerdas. Recuerdas todo lo que para algún idiota no significaría nada. Aquella última noche, que ahora piensas que deberías haber aprovechado como tal y no como una pequeña despedida en la que ninguno de los dos quería (desped)irse. Aunque sabíais que el momento llegaría. Y llegó.
Días juntos, pero muchos mas separados. Distancias, en este caso, que no hicieron mas que agrandar esa ilusión (como la de un niño con su primer álbum de cromos completo o la primera navidad que vives [y las 18 de después]). Sentimientos que llegaron sin llamar a la puerta y se instalaron donde mas nos duele.
No, no, no. No quiero seguir por ahí. Para. Retrocedo un poco mas. Y pienso. Efectivamente, todo debía haber quedado en aquellas dudas y en aquel qué pasará si... de noches de verano. Arriesgarse es una mierda. Y yo siempre he dicho que de los mejores principios llegan los peores finales, los que mas duelen. Pero algo falla. No aprendo.

Hasta la próxima tirita, corazón.

viernes, 31 de mayo de 2013

La felicidad de las pequeñas cosas.

Otro día que acaba en la oscuridad de mi habitación.
Boca arriba.
Cabeza abajo.
A un lado.
O a otro.
En compañía de mis dos peluches preferidos. No me llames infantil, has de saber que no me gusta dormir sola y menos si uno de esos peluches consigue mantener vivo tu recuerdo. El insomnio también me acompaña esta noche. Se ha propuesto volverme loca.
Es curioso que tenga que pasar noches así para darme cuenta de cómo son realmente las cosas. Quizás son los únicos días que mi cabeza me obliga a pensar y necesita poner un poco de calma en este pequeño mundo de aquí arriba que no consigue hacer tres cosas bien sin que la base de la primera lo haya estropeado todo.
Supongo que me gustará vivir así.
Entonces, no puedo hacer otra cosa que interrumpir esa agradable pero angustiosa soledad que tiene cada uno por las noches. Y voy a por mis cascos.
Móvil en la almohada. Reproductor de música. Orden aleatorio. Aleatorio, sí, pero, como todos, esperando oír esa canción.
Por fin suena.
Me hace pensar. En todo. En nada. En las pequeñas cosas. En lo grande que te hace tu familia y la compañía y el apoyo que nadie mas que ellos consigue darte a pesar de tiraros días y días juntos. En los grandes amigos, esa segunda familia. Una suerte poder considerar a mi familia como amigos y a mis amigos como familia.
Y como esto no sería una verdadera entrada sin mencionar el amor, ahí va...: En la cantidad de amores perdidos. Amores platónicos, lejanos, dejados. Amores que pudieron ser y ni fueron ni son. No hablo del futuro porque, a pesar de mi poca práctica en esto de vivir, sé que la vida nos sorprende. Amores imposibles. Que no van incluidos en el mismo grupo que los anteriores para mí. Porque hay cosas que resulta mas fácil soñarlas y otras que no pueden ser aquí y ahora, que merecen un poco de tiempo. Lo que supone esperar. Y los que me conocen saben de sobra que la espera me desespera. Pero que los amigos con pareja, la gente que te quiere y la mejor madre que nadie puede tener te digan que no hay que tener prisa y que las cosas buenas no llegan de buenas a primeras, te hace pensar. Pensar en que quizás es así. Que no todo va a ser cuando uno quiera.
Y me replanteo las cosas...
El sueño empieza a poder con mis ganas de escribir en este momento.
Esta noche me ha tocado perder.
Guardas las notas del móvil. Miras la hora. Demasiado tiempo perdido pensando en vez de soñado. Revisas el despertador.
-Mañana será un nuevo día. Seguiré escribiendo...



Suena el despertador, pero la inspiración se ha ido con todo lo soñado. Entonces lo sabes. Sabes que las cosas pasan. Y aunque algunos no lo quieran, también cambian. Y no se pueden recuperar. Y, la verdad, creo que no es algo que me preocupe demasiado.
Sabes que has estado demasiado tiempo soñando y muy poco viviendo. Sabes que tienes que aprender a arriesgarte. Pero con una cosa clara:
esta ha sido mi última derrota.

viernes, 29 de marzo de 2013

Sueños.

"Los sueños, sueños son, sueños se quedarán." Siempre he sido de las que no paraba de perseguir sus sueños y nunca hacía caso a frases así, pero últimamente se me está haciendo más que duro luchar contra estas estupideces si una noche decides instalarte en mis sueños y te permites no acompañarme la mañana siguiente.
Regálame una sonrisa; prometo dejarlo todo. Una sonrisa, una caricia, esas manos viajando hacia mi tripa. Tus besos bajo la lluvia. Inocentes. Dignos de alguien como tú.
Pensé que nada me llevaría a escribir, y como ya dije hace un par de entradas, decidí cerrar esta historia, pero a día de hoy sé que tú fuiste ese primer amor del que todos hablan y me niego a acabar con algo que no consigo ni entender por qué acabó así. O quizás si lo entienda pero mi cabeza no me deja reconocerlo. Caen lágrimas. No puedo evitar recordarlo todo. Momentos de un verano y un otoño con un único motivo para sonreír. Muchos recuerdos para no demasiados días juntos. Vuelven a caer lágrimas. Nunca me perdonaré que aquel día, por mi culpa, pusieras punto y final a esta historia.
Y, a pesar de que nunca vayas a leer esto, quiero hacerte saber que después de ti no ha habido nadie y que va a tener que pasar mucho tiempo para que encuentre a alguien que consiga llenarme la mitad que tú. Y si de lo que tienes miedo es de enamorarte, te pido que te dejes llevar. Yo prometo no fallarte más.

domingo, 10 de febrero de 2013

Entrada improvisada a unas horas poco decentes.

Como cada noche, cuando todo el mundo se va a dormir, sus pensamientos y ella se quedan dando vueltas en la cama de una habitación que últimamente no recibe visitas de desconocidos. Desea la llegada de alguien que consiga quitar tu recuerdo de aquel cojín que esconde la luz de una lámpara de mesilla mal situada. Desea que llegue, pero su corazón, ese guerrero de escudo y lanza que tiró la toalla al tercer o cuarto intento fallido, no se lo permite. Porque ya van muchas tiritas usadas y se ha negado a dejar pasar a cualquiera que no traiga un poco de estabilidad.
Es ahí donde entra su cabeza. Y el famoso pulso cabeza-corazón. Una lucha constante que todavía no tiene ganador y duda que lo tenga algún día porque, después de los mismos callejones y susurros al oído de siempre, la vuelta de la esquina trae un "pero..." que lo pone todo patas arriba. No miente cuando dice que esto es capaz de agotar a cualquiera, que cada día que pasa tiene menos fuerzas para afrontar lo que pueda venir y que últimamente no es sincera ni consigo misma. Pero dejando pasar el tiempo y algún que otro amor, llega la calma. Y la calma le abre los ojos. Y la cabeza se da cuenta de que fue la pasión la pudo con ellos hace cinco amores de verano y no lo va a consentir ni una vez más. Se ha propuesto sonreír, y ahora nadie lo va a impedir.

Ven,
no tengo prisa.

miércoles, 23 de enero de 2013

El amor no se atreve a llamar a las puertas de su corazón.

Una noche más te piensa. No puede evitarlo. No puede evitar que le invadan vuestros recuerdos por culpa de ese adorable pero maldito peluche entregado con tanto amor. Desde hace semanas intenta recordar solo lo malo que pasó entre vosotros para olvidarte. Pero no hay manera. Calaste muy hondo. Y no por eso piensa que hayas sido su primer amor, pero si piensa en ti cada vez que alguien intenta ocupar tu lugar. Hablo de ella en tercera persona porque ha dejado de conocerse a sí misma. Tú la has cambiado. Los días pasaban rápidos cuando se trataba de arrancar hojas de un calendario de 2012 si sabía que cada hoja le daba la oportunidad de verte una vez más. Pero ahora sabe que este 2013 le viene grande. Sonrisas no faltan. Mucha gente lo sabe. Pero si hay algo que necesita, es tener un por qué. Es consciente de que sería incapaz de rechazar una noticia tuya o de desprenderse de algún recuerdo, pero necesita pasar página. Y no encuentra otra manera. La misma que ahora dice esto es la que prometió volver, y lo hará, pero ya no será la de antes. El brillo de sus ojos y las lágrimas que están a punto de caer cierran el capítulo de vuestra historia. Para siempre.