domingo, 9 de octubre de 2011

Plantarle cara al miedo.

Una vez, mi mamá me contó un cuento de un niño que no tenía miedo. Se llamaba Juán, Juán sin miedo. Era tan valiente que se enfrentó a brujas, fantasmas y hasta leones sin pasar pizca de miedo. Pero eso solo es un cuento.
Mi mamá también me dijo que no existe nadie que mate a un amigo y que hay tantas clases de miedo como personas en el mundo. Miedo a perder las cosas que quieres, aunque sean muy pero que muy pequeñas, miedo a las mariposillas que sientes en la tripa cuando te gusta un niño, miedo a lo que no se puede explicar con las palabras o miedo a ese monstruo que vive dentro del armario. Al que solo ganas cuando eres tan valiente como para mirarle a la cara.

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