viernes, 31 de mayo de 2013

La felicidad de las pequeñas cosas.

Otro día que acaba en la oscuridad de mi habitación.
Boca arriba.
Cabeza abajo.
A un lado.
O a otro.
En compañía de mis dos peluches preferidos. No me llames infantil, has de saber que no me gusta dormir sola y menos si uno de esos peluches consigue mantener vivo tu recuerdo. El insomnio también me acompaña esta noche. Se ha propuesto volverme loca.
Es curioso que tenga que pasar noches así para darme cuenta de cómo son realmente las cosas. Quizás son los únicos días que mi cabeza me obliga a pensar y necesita poner un poco de calma en este pequeño mundo de aquí arriba que no consigue hacer tres cosas bien sin que la base de la primera lo haya estropeado todo.
Supongo que me gustará vivir así.
Entonces, no puedo hacer otra cosa que interrumpir esa agradable pero angustiosa soledad que tiene cada uno por las noches. Y voy a por mis cascos.
Móvil en la almohada. Reproductor de música. Orden aleatorio. Aleatorio, sí, pero, como todos, esperando oír esa canción.
Por fin suena.
Me hace pensar. En todo. En nada. En las pequeñas cosas. En lo grande que te hace tu familia y la compañía y el apoyo que nadie mas que ellos consigue darte a pesar de tiraros días y días juntos. En los grandes amigos, esa segunda familia. Una suerte poder considerar a mi familia como amigos y a mis amigos como familia.
Y como esto no sería una verdadera entrada sin mencionar el amor, ahí va...: En la cantidad de amores perdidos. Amores platónicos, lejanos, dejados. Amores que pudieron ser y ni fueron ni son. No hablo del futuro porque, a pesar de mi poca práctica en esto de vivir, sé que la vida nos sorprende. Amores imposibles. Que no van incluidos en el mismo grupo que los anteriores para mí. Porque hay cosas que resulta mas fácil soñarlas y otras que no pueden ser aquí y ahora, que merecen un poco de tiempo. Lo que supone esperar. Y los que me conocen saben de sobra que la espera me desespera. Pero que los amigos con pareja, la gente que te quiere y la mejor madre que nadie puede tener te digan que no hay que tener prisa y que las cosas buenas no llegan de buenas a primeras, te hace pensar. Pensar en que quizás es así. Que no todo va a ser cuando uno quiera.
Y me replanteo las cosas...
El sueño empieza a poder con mis ganas de escribir en este momento.
Esta noche me ha tocado perder.
Guardas las notas del móvil. Miras la hora. Demasiado tiempo perdido pensando en vez de soñado. Revisas el despertador.
-Mañana será un nuevo día. Seguiré escribiendo...



Suena el despertador, pero la inspiración se ha ido con todo lo soñado. Entonces lo sabes. Sabes que las cosas pasan. Y aunque algunos no lo quieran, también cambian. Y no se pueden recuperar. Y, la verdad, creo que no es algo que me preocupe demasiado.
Sabes que has estado demasiado tiempo soñando y muy poco viviendo. Sabes que tienes que aprender a arriesgarte. Pero con una cosa clara:
esta ha sido mi última derrota.