viernes, 23 de noviembre de 2012

La necesidad de tener tu compañía.

Ayer me preguntaron si era feliz. Mi respuesta fue a medias. Pero he de confesar que a medida que mi soledad aumenta, mi felicidad disminuye. O mi infelicidad aumenta. Lo que viene a ser lo mismo. Últimamente abundan los días tristes y, como eso no me gusta, prefiero sacar a pasear una bonita sonrisa para que el mundo no se me haga más grande que la distancia que hay entre tú y yo. Sé que puedo no ser la única que se sienta así, y me gusta pensar que aquella persona que ocupa mis pensamientos se siente igual de perdida cuando yo no estoy cerca. El caso es que, aun sabiendo que no estoy sola, me gusta estarlo. Y cuanto más sola estoy, más cosas tengo en la cabeza. Más ideas para escribir. Más ideas y menos ganas de hacerlo. Y llega el momento del bloqueo. Del parón. Un poco de música me vendrá bien para despejarme. Pablo Alborán siempre sabe ayudar. Le escucho una y otra vez y solo se me viene a la cabeza la voz de aquel que quiso compartir conmigo los últimos días de ese mes tan caluroso. Y, la verdad, me gustaría no pensarte cada noche ni recordar esas enigmáticas sonrisas que me dedicabas. Me gustaría no hacerlo porque en algún momento los recuerdos se acaban. Y sé que mientras duren yo sonreiré y el mundo lo hará conmigo, pero cuando no estén... Cuando no estén será como si no me quedase nada, como si esa segunda estrella a la derecha se apagase y nosotros dejásemos de creer en eso que siempre hemos creído.
Pensé que esta entrada no sería publicada nunca y como excusa para no seguir contándoos mi vida, diré que lo que viene después es una larga historia. Una larga historia más perdida entre tantas millones de historias en el mundo. Una larga historia que se queda a medias si no está él para contarla conmigo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Quebraderos de cabeza.

Aquí estoy, sentada enfrente de una pantalla, intentando escribir algo para olvidar todo aquello que consigue quitarme el sueño. Mirando por la ventana lo que mi soledad esconde para ver si encuentro una buena razón por la cual lo único que deje de ver sea el paso del tiempo. Pero nada, no hay nada. Solo encuentro las hojas caídas que muestran esos bonitos paisajes otoñales que algún aficionado fotografía. Montañas de hojas que se convierten en el juego de algunos niños. Hojas que volarán y pronto serán sustituidas. Y cuando eso pase, ese árbol desnudo no se acordará del abrigo que tuvo el año pasado. Hay gente, pero no demasiada. Abuelos con sus nietos en el parque disfrutando del regalo que les dieron esos hijos educados con tiempo, paciencia y mucho amor. Niños que pasean con bicis evitando a todo aquel que se cruce por su camino. Señoras que descansan en un banco porque quizás no quieran volver a casa. Y personas que, pasen por aquí por primera vez o por rutina, intentan no fijarse demasiado en los demás porque piensan que con sus problemas tienen suficiente.
Me he permitido entrometerme en la vida y pensamientos de los demás, pero esto es solo una mera interpretación de alguien que pasa las horas muertas intentando evitar los pensamientos que afirmen que su vida es peor que la de cualquier otro. En realidad solo sé lo que pasa por mi cabeza, y después del día de ayer no pienso en otra cosa que no seas tú. Porque no entiendo que esta situación pueda conmigo. Ayer fui tan cobarde que preferí dejar que el orgullo pudiera con estas ganas de ti. No pude verte, pero tampoco fui capaz de coger el teléfono y pedirte una vez más, aunque fuese por unas horas, que vinieses con esa sonrisa para darme fuerzas y poder esperar con ganas el tiempo que hiciese falta para verte. Me vuelves loca, pero esta locura puede conmigo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Por y para ti. Sólo para ti.

Nada ha acabado, puedes estar seguro. Tú sigues siendo parte de mí, al igual que todas tus sonrisas. Y no te pienso decir adiós por aquel agosto que quiso vernos juntos aunque llegase un octubre que nos haya sabido a poco. Quizás sean estas ganas de ti o ese vacío que dejó en mí aquella despedida que nunca llegó lo que consigue sacar lo peor que hay dentro de mi cabeza y lo convierten en pensamientos que lo único que consiguen es destruirme. Pero sé que de nada me arrepentiría más que de perderte, y creo que no es la primera vez que te lo digo. Así que espero que todo siga como antes, que sigamos llevando como hasta ahora la situación en la que nos encontramos y que lo que nos prometimos siga en pie.
Desde ese mes de agosto supe que ibas a ser mio, y ahora no me puedes fallar.