domingo, 6 de mayo de 2012

Día de la madre.

Primer domingo de mayo sin fecha a señalar. No tiene fecha exacta como los santos o los cumpleaños porque... De una manera u otra, nos quieren hacer ver que cualquier día es el día de la madre, que no tiene porque ser un tres de mayo o un seis. Será, simplemente, por fines materiales.
Ahora, hablaré de ella. Mi madre, esa mujer que un día me trajo al mundo para hacerme ver lo mejor de la vida, para no dejarme caer nunca. Esa que se merece el cielo y parte de lo que no podemos ver mas allá de él y a la que debería agradecer cada día la oportunidad que me dio al nacer.
Yo cada día intento mejorar para ella por lo pesada que se pone cuando me recuerda que esta vida no es un asco, que luche por lo que quiero y por mi futuro. Unos días se lo demuestro más que otros, pero lo que nunca me perdonaría sería decepcionarla. No me lo perdonaría porque no se lo merece, ella no. Ella, que me hace sonreír cada día, que hace de mí la mejor, que me da un poco más de vida cuando me regala una de sus sonrisas.
Esta va por ti, mamá. Te quiere, tu niña.

sábado, 5 de mayo de 2012

Somos orgullosos.

Sí, pero ¿y qué? Yo sé que nos queremos.
Nos cabreamos, sí, muchísimo. Por tonterías o no tan tonterías. Y a los dos minutos de haber discutido con él, siento que le necesito. Le necesito a él y a sus tonterías, sus risitas, sus piques, sus manías; a todas sus buenas caras y a sus consejos, sobretodo a sus consejos.
Seguiremos siendo así el uno con el otro, riéndonos, odiándonos y queriéndonos como a lo que más durante el tiempo que haga falta siempre y cuando me haga ver que, a pesar de todo, estará ahí. Yo prometo estar para agradecerle cada cosa a través de una nota a escondidas; para comerme todos y cada uno de los helados que haga para mí; para darle pataditas en el culo al recibirle cuando llegue a casa; para quedarme despierta solo para darle las buenas noches todos los días antes de acostarme. Tendremos nuestros más y nuestros menos; estaremos para las buenas, las regulares y las no tan buenas. Para todo.
Yo lo llamo amor de hermanos.

viernes, 4 de mayo de 2012

Aprender a valorar las cosas desde ya.

Tener en cuenta que las cosas no duran para siempre por mucho que nos digan o por mucha guerra que nos demos nosotros mismos intentando creer que es así. Deberíamos empezar a valorar las cosas como algo diferente y no tomar como rutina las cosas buenas ya que, en un momento u otro, nos las quitaran y, como de costumbre, sufriremos como nadie. En silencio. Sin querer pedir ayuda a nadie porque nosotros mismos nos machacamos pensando en que lo hicimos mal desde el principio queriendo manejarlo todo para que saliera perfecto.
Las cosas buenas duran lo suficiente como para ser inolvidables, y lo suficiente a algunos se nos queda corto.