Ser feliz. Conmigo misma. Con los inviernos fríos y los veranos calurosos. Con las caídas de hojas en otoño y el florecer de la primavera. Con finales felices e inventados, con años perdidos y finalmente encontrados, con abrigos prestados. Con amores encontrados y, otros, decepcionados. Con lo fácil que resulta tu vida comparada con otras, con charlas por pleno paseo de la castellana. Con besos perdidos, olores encontrados, palabras en el aire y algún juramento prohibido.
Ser feliz, contigo. Con cualquier condición.
martes, 31 de enero de 2012
¿Beber para olvidar? Nah, eso son chorradas.
Un día me dijeron que lo mejor para olvidar es beber, que un trago te lleva a la felicidad plena, pero con el tiempo aprendí que es mejor aferrarse a la realidad. Compartirla con los que te quieren y te valoran así como tú eres y, lo creas o no, se hace más amena. Los días pasan sin que tú te des cuenta, la gente se va y hay gente que viene para quedarse que ahora serían irreemplazables. Gente que, después de bastante tiempo, vuelve como de la nada para hacerte ver que unas buenas caricias y unas palabras bonitas son suficientes para olvidarse de todo por un momento.
Solos él y tú, en vuestra realidad.
domingo, 22 de enero de 2012
Yo te ofrezco mis labios. Tú me dejas los tuyos.
Tengo esa imagen grabada, clavada en el corazón y siempre a punto de caramelo para recordarla. No entiendo por qué soy capaz de revivir ese momento como si hubiera visto algo, pues he de confesar, que tenía los ojos cerrados. Se iba, otra vez. Como siempre. Si de algo estaba convencida en ese momento, era de que iba a volverme completamente loca y de que le esperaría pasara lo que pasase. Le abracé con fuerza y traté de pegar su cuerpo al mío milímetro a milímetro, para demostrarle a esa ramera que llaman distancia que podíamos luchar contra ella. Así, juntos, cuerpo a cuerpo, cara a cara, boca a boca. Acabamos con ella, la vencimos, redujimos al máximo el espacio entre nosotros, por unos segundos la distancia entre nosotros no existió, la matamos, la descuartizamos y nos reímos de ella a carcajadas sin ni siquiera sonreír, pero como las malas lenguas dicen ''hierba mala nunca muere''.
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