Sí, pero ¿y qué? Yo sé que nos queremos.
Nos cabreamos, sí, muchísimo. Por tonterías o no tan tonterías. Y a los dos minutos de haber discutido con él, siento que le necesito. Le necesito a él y a sus tonterías, sus risitas, sus piques, sus manías; a todas sus buenas caras y a sus consejos, sobretodo a sus consejos.
Seguiremos siendo así el uno con el otro, riéndonos, odiándonos y queriéndonos como a lo que más durante el tiempo que haga falta siempre y cuando me haga ver que, a pesar de todo, estará ahí. Yo prometo estar para agradecerle cada cosa a través de una nota a escondidas; para comerme todos y cada uno de los helados que haga para mí; para darle pataditas en el culo al recibirle cuando llegue a casa; para quedarme despierta solo para darle las buenas noches todos los días antes de acostarme. Tendremos nuestros más y nuestros menos; estaremos para las buenas, las regulares y las no tan buenas. Para todo.
Yo lo llamo amor de hermanos.
sábado, 5 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
Aprender a valorar las cosas desde ya.
Tener en cuenta que las cosas no duran para siempre por mucho que nos digan o por mucha guerra que nos demos nosotros mismos intentando creer que es así. Deberíamos empezar a valorar las cosas como algo diferente y no tomar como rutina las cosas buenas ya que, en un momento u otro, nos las quitaran y, como de costumbre, sufriremos como nadie. En silencio. Sin querer pedir ayuda a nadie porque nosotros mismos nos machacamos pensando en que lo hicimos mal desde el principio queriendo manejarlo todo para que saliera perfecto.
Las cosas buenas duran lo suficiente como para ser inolvidables, y lo suficiente a algunos se nos queda corto.
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