viernes, 6 de abril de 2012

Desahogamientos varios.

La verdad... No sé como empezar esta entrada, solo sé que necesito escribir lo que siento en estos momentos si no quiero acabar explotando.
Aquí me tenéis viendo vuestras fotos, aprendiéndomelas de memoria porque creo que nunca me cansaré de ellas. Suena buena música de fondo, la que me has enseñado tú. Sigo pasando fotos y en alguna aparecéis conmigo. En pocas, muy pocas. Ganas tengo de rellenar álbumes de fotos con vosotros, pero lo dicho, se quedará en ganas. Aparece ella, se me viene el mundo encima al pensar en lo felices que os hizo y, aunque no directamente, os sigue haciendo. Ahora pienso, pienso en si todo puede recordarme a ti y, automáticamente, me respondo yo sola con un sí rotundo. Sabes lo mucho que me gustaba tener tu olor en aquel pañuelo prestado.
Confiar en una posible revancha, en que todo el tiempo que estuvimos esperando valga para algo de verdad. Consolarme sabiendo que ante todo has sido, fuiste y, creo que, serás mi amigo. Esperar a que llegue el día en que nuestras miradas vuelvan a cruzarse y seamos los mismos de siempre. Tú y yo, los que hace tiempo dejamos de creer en los para siempre que hacen daño, los que juntos inventamos el ritmo de vida que nos gustaba llevar.

lunes, 5 de marzo de 2012

Toda espera tiene su recompensa o, al menos, eso creía.

Sé que todo esto se acabó, pero yo no quiero darme cuenta. No quiero darme cuenta porque entonces ya no serías nada para mí. Ya no tengo tu apoyo de la manera que lo tenía antes y es algo que añoro bastante. Tú eras ese alguien con quien se podía hablar de todo, ese alguien que se desahogaba y dejaba desahogarse, con quien pasear de la mano balanceándola para adelante y para atrás sin importar el qué dirán. El que te despertaba con un mensaje enviado a unas horas indecentes porque se había despertado pensando en ti, el que te echaba de menos nada más haberse despedido de ti en esa estación que quedará marcada en mi corazoncito, el que me prometió un equipo de fútbol y me dejó con las ganas de, siquiera, llegar a ser entrenadora. Hora y cuarto de camino nos separaban, pero en esos momentos no nos importó ya que las ganas que teníamos pudieron contigo y conmigo, con nosotros. Y lo mismo que ganamos, lo perdimos.
Tú, el que vino para quedarse con mi felicidad y ahora la maneja como quiere. Yo, la que se dedicó a ser feliz cada minuto a tu lado; la que no quiere perderte, ya no más.